Deberías ver cómo hablo de ti cuando no digo nada. Tienes
más palabras a tu nombre que casas el banco. Tienes un piso de treinta metros
cuadrados en el agujero que se me hace en el estómago cada vez que me
encuentras brindando con un vaso de vino. Y con el resto de la botella.
Tienes marcas en la piel de los arañazos que no te he hecho y
la ropa que no me quitaste está doblada en el altillo de uno de todos los
sitios a los que nunca fuimos. Tienes la vida hecha papel desde que tus manos
no se pelean con mi espalda.
Tienes el tiempo que me debes escondido en el diámetro de
tus muñecas y una conversación pendiente con la persona que era antes de verte
por última vez. Tienes derecho a permanecer en silencio mientras te cuento
cómo te he mirado desde que no te veo. Tienes tanto, que no quieres nada.
Pero al menos ahora somos perfectos, porque no sé si te has
dado cuenta, pero la vida por fin es papel.
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