jueves, 15 de octubre de 2015

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Deberías ver cómo hablo de ti cuando no digo nada. Tienes más palabras a tu nombre que casas el banco. Tienes un piso de treinta metros cuadrados en el agujero que se me hace en el estómago cada vez que me encuentras brindando con un vaso de vino. Y con el resto de la botella.

Tienes marcas en la piel de los arañazos que no te he hecho y la ropa que no me quitaste está doblada en el altillo de uno de todos los sitios a los que nunca fuimos. Tienes la vida hecha papel desde que tus manos no se pelean con mi espalda.

Tienes el tiempo que me debes escondido en el diámetro de tus muñecas y una conversación pendiente con la persona que era antes de verte por última vez. Tienes derecho a permanecer en silencio mientras te cuento cómo te he mirado desde que no te veo. Tienes tanto, que no quieres nada.


Pero al menos ahora somos perfectos, porque no sé si te has dado cuenta, pero la vida por fin es papel. 

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